El cuerpo del profesional fue hallado sin vida en su domicilio. La autopsia determinó que falleció por la inyección de anestésicos, sustancias cuya sustracción del hospital fue denunciada. La fiscalía investiga el caso como «muerte dudosa».
Fuentes policiales informaron que el hallazgo del cuerpo del anestesista Alejandro Zalazar se produjo el pasado 20 de febrero en un edificio de la calle Juncal 4622, en la Ciudad de Buenos Aires. La hermana de la víctima, al no obtener respuesta, llamó al 911. Efectivos de la Policía de la Ciudad y del SAME concurrieron al lugar, ingresaron a la vivienda y encontraron a Zalazar sin signos vitales, tendido en el suelo y sin indicios visibles de violencia.
Sin embargo, en la escena llamaron la atención objetos descartables y una vía conectada en uno de los pies del fallecido. La autopsia reveló posteriormente que la causa de la muerte fue la inyección de propofol y remifentanilo, fármacos anestésicos.
En este contexto, el Hospital Italiano radicó una denuncia por la sustracción de productos anestésicos. A través de un comunicado, la institución informó que ya tomó «las medidas necesarias para analizar lo sucedido y actuar con las (otras) personas involucradas y generar procedimientos para prevenir a futuro». Asimismo, señalaron que «se aplicaron los procedimientos previstos, mientras avanza la investigación», y que «se inició una revisión del circuito de control de estupefacientes, con el fin de supervisar los mecanismos de supervisión».
«El hospital se encuentra trabajando en conjunto con la Asociación de Anestesia, Analgesia y Reanimación de Buenos Aires (AAARBA) para analizar este tipo de situaciones, que también fueron reportadas en otras instituciones del sistema de salud. Se trata de una problemática que requiere fortalecer de manera coordinada políticas, controles y estrategias de prevención», agregaron.
Alejandro Zalazar se desempeñaba como anestesista en el Hospital General de Niños Ricardo Gutiérrez y era exresidente del Hospital Rivadavia. Había sido denunciado por la promoción de «viajes controlados», mediante los que ofrecía a clientes propofol y fentanilo para generar un «estado de relajación» o «conciencia extrema». Otra versión lo vincula con la organización de eventos, vía WhatsApp, donde se habrían utilizado estos fármacos.
La Fiscalía Nacional en lo Criminal y Correccional N°6 intervino en el caso y lo caratuló como «muerte dudosa», mientras avanza la investigación.
