sábado, 14 febrero, 2026
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Scott Bessent y Kevin Warsh lideran la transformación económica de Estados Unidos

Alan Greenspan descubrió en la década del ´90 que la revolución tecnológica de Internet había desatado un fenomenal boom de productividad, cuya principal consecuencia, en términos monetarios, era que desencadenaba un proceso de continua desinflación; esto, a su vez, permitía reducir sistemáticamente las tasas de interés y de esa manera “…presidir un período de glorioso crecimiento económico, elevadas inversiones en alta tecnología y en la creación de puestos de trabajo, que elevaron notablemente los estándares de vida de los estadounidenses, especialmente los trabajadores escasamente calificados”, señaló Sebastián Mallaby (The Man Who Knew/The Life and Times of Alan Greenspan).

La tasa de interés en EE.UU. asciende hoy a 3,5%/3,75% anual y Donald Trump sostiene que debe reducirse a 1% o menos, porque hay un boom de productividad de extraordinaria envergadura que hace que la economía crezca 4% anual o más en 2026 y al mismo tiempo la inflación haya prácticamente desaparecido a sólo 1,6% anual.

Kevin Warsh, el nuevo titular de la Reserva Federal nombrado por Trump, comparte la visión del mandatario norteamericano y estima que la tasa de crecimiento de la economía norteamericana está 2 o 3 puntos por encima del nivel de la expansión potencial.

Hay que agregar que el secretario del Tesoro, Scott Bessent, afirma que éste es el momento en que los trabajadores estadounidenses deben ser los primeros beneficiarios del boom de productividad que está en marcha.

Por eso es que en la política monetaria que propugna Warsh el componente tecnológico tiene un carácter central, lo que implica descartar la necesidad de aumentar el gasto público a través de la emisión de dinero, que es la causa fundamental del déficit fiscal, y por lo tanto de la inflación.

Warsh señala también que el gasto público es hoy 60% superior al que existía en la etapa pre-pandemia y de ahí que la aceleración del cambio tecnológico sea absolutamente central para asegurar una rápida expansión económica y una continua reducción de la inflación.

La política económica lanzada por Trump de reducción de impuestos y desregulación generalizada ha provocado en EE.UU. una nueva era de innovación, lo que hace que la economía crezca casi el doble que en los otros países avanzados y que suceda cuando los estadounidenses han comenzado a percibir mayores salarios reales.

De ahí que la Reserva Federal deba concentrase exclusivamente en la política monetaria y en el logro de una baja sistemática de la tasa de inflación, con el objetivo de incentivar el boom de productividad desatado por la Inteligencia artificial (IA).

Propone Warsh en definitiva, una política monetaria mucho más estrecha pero notablemente más poderosa de la Reserva Federal, sobre la premisa de que su beneficio secundario es al mismo tiempo disminuir el costo del financiamiento de la administración.

“La Reserva Federal, en suma – advirtió–, debe abandonar el dogma de que la inflación se desata cuando la economía crece desmedidamente y los trabajadores logran salarios cada vez más elevados; ha llegado el momento de advertir que la inflación aumenta cuando el gobierno gasta demasiado e imprime dinero en exceso; de ahí que haya que ofrecer en este momento menores tasas de interés en respaldo de los hogares y de las pequeñas y medianas empresas”.

“Por eso el ejemplo más cercano de lo que es un verdadero banquero central – dice Warsh – es Alan Greenspan en 1993/1994, cuando arribó Internet al mundo de hoy y, basado en anécdotas y datos algo esotéricos, el Maestro llegó a la conclusión de que Estados Unidos debía bajar las tasas de interés y como consecuencia la economía se tornó más fuerte y los precios más estables”.

Esta es la política que está en marcha en Estados Unidos hoy y que es la que ha surgido de la intuición básica de Trump de que la economía norteamericana, la primera y más avanzado del mundo, “…ha ingresado en una era dorada que va más allá incluso de una etapa virtuosa de crecimiento económico en la que crecen los salarios, aumentan las inversiones y se multiplican los puestos de trabajo, sino en la que todo ésto se sustenta en un extraordinario boom de productividad e innovación creado por el pleno despliegue de la revolución tecnológica de la IA, que a su vez es incentivada por el Tesoro norteamericano mientras que la Reserva Federal disminuye sistemáticamente las tasas de interés sobre los fondos federales”.

La economía estadounidense, en suma, ha ingresado en un circuito que en los próximos dos años le otorgará un producto de más de US$ 30 billones, lo que tendrá de inmediato impacto mundial, porque experimentamos una economía global absolutamente integrada por la revolución de la técnica, que actúa sobre la premisa de que en los próximos 10 años la IA transformará todas las regiones y sistemas productivos del mundo sin excepción. En esta acción de fondo centrada en Estados Unidos, Trump actúa con dos brazos formuladores y ejecutores de extraordinaria categoría, que son Bessent y Warsh.

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