«No estás tomando nada». Gonzalo entonces bebió un poco más de la lata de cerveza. Estaba en el departamento de su amigo José y junto a dos mujeres que había conocido a la salida de una peña bailable. La mujer que estaba con él insistió: «Tomá todo, dale, te falta poquito». Así volvió a beber.
Gonzalo Leandro Gómez (25) despertó casi 12 horas después. A su lado estaba el cuerpo de su amigo, José Luis Mamani (38). Las dos mujeres de entre 25 y 30 años que habían conocido en la madrugada les robaron y desaparecieron.
La muerte de Mamani fue confirmada por médicos de SAME en la noche del lunes, cuando asistieron al departamento “C” del 9° piso del edificio de la calle Solís 333, de Monserrat.
Hasta allí se dirigió Gonzalo y su amigo con las dos mujeres luego de pasar la noche en el local Peña Norteña, ubicado sobre la avenida Rivadavia al 1900. Sobre Solís quedó estacionado el taxi Fiat Cronos, propiedad de la víctima.
Gonzalo le había pedido ayuda a un vecino, ya que cuando despertó estaba mareado y desorientado. Cuando vio a su amigo primero pensó que estaba dormido, pero rápido se dio cuenta que no respiraba.
Luego de confirmarse la muerte, Gonzalo pasó a ser el principal testigo del homicidio. A días del crimen, pide justicia por su amigo y que encuentren a las dos viudas negras que estuvieron con ellos aquella noche y que les colocaron una sustancia en la bebida para robarles.
Cómo fue esa noche que terminó en un crimen
Era cerca de la medianoche del domingo cuando Gonzalo le mandó un mensaje a José para salir. El hombre, que es jujeño, le dijo que había salido el viernes con su novia y que el sábado había hecho lo mismo con amigos y que “se la pegó en la pera”.
“Arreglamos que me pase a buscar por mi casa. Salimos bastante juntos, en un momento dejamos de hacerlo y este año empezamos a salir de nuevo con amigos en común”, contó a Clarín Gonzalo, que es de Tucumán y que se dedica a la gastronomía.
El vínculo entre los dos comenzó justamente en la Peña Norteña. Hasta allí llegaron en el taxi de José. Lo estacionaron en la esquina y caminaron unos metros por la avenida Rivadavia.
“Llegamos a la peña y nos encontramos con conocidos. Pedimos algo para tomar, bailamos con chicas. La pasamos bien”, relató. Minutos antes de las 6 de la mañana, se fueron.
La salida quedó registrada en las cámaras de seguridad del local. Allí se ve primero que se fue Gonzalo y luego José, quien vestía una remera blanca y llevaba una riñonera cruzada y un gorro.
“Saludamos a conocidos cuando salimos y voy a comprar unas empanadas. Cuando vuelvo al auto, abro la puerta y escucho que José le dice a una chica que abra atrás. Luego sube una segunda chica”, dijo.
En un principio José le dijo de continuar la juntada en el departamento de Gonzalo, pero finalmente optaron por ir al edificio de Solís. Antes de entrar pararon en un kiosco y compraron latas de cervezas y cigarrillos.
“Cuando José bajó al kiosco me quedé con las dos chicas. Les pregunté de donde eran y me dijeron que de Berazategui. No hablamos mucho más”, señaló.
El último recuerdo
Una vez dentro del monoambiente del 9° piso, una de las mujeres comenzó a bailar con José mientras que la otra se recostó con Gonzalo.
En pocos minutos la mujer que estaba con el joven tucumano se paró y comenzó a bailar. Siguieron bebiendo y en un momento se abrazaron.
“Fue ahí que la chica me dice ‘no estás tomando nada’, y me hizo tomar toda la lata de cerveza. Fue lo último que recuerdo”, afirmó la víctima. La siguiente escena que tuvo fue despertarse con su amigo muerto.
La investigación
Detectives de la División Homicidios de la Policía de la Ciudad y de la Comisaría Vecina 1 B tomaron intervención en el hecho. El fiscal Marcelo Ruilopez, a cargo de la Fiscalía Nacional en lo Criminal y Correccional N° 49, recibió el resultado de la autopsia de José.
“La causa de muerte fue congestión, edema y hemorragia pulmonar – edema encefálico difuso, aunque se aguardan los resultados de estudios toxicológicos e histopatológicos complementarios”, informó el sitio Fiscales.gob.ar.
Los investigadores se encuentran analizando las cámaras de seguridad del edificio y de locales cercanos. “Cuando declaré le dije a la policía que eran dos mujeres de pelo negro y vestidas de oscuro. Cuando vi las cámaras del edificio una tenía un jeans y el pelo rosa”, detalló.
“Una de las chicas tenía un tatuaje en la espalda y medía cerca de 1,65 metros. La que me hacía beber a mí era más robusta, más gordita”, describió.
Gonzalo no sabe dónde las conoció su amigo, pero sí expresó que no las habían visto dentro de la peña y que recién cuando regresó al auto tuvo el primer contacto con ellas.
Se cree que las mujeres les robaron sus celulares y las llaves.
Un antecedente y un aprendizaje
No era la primera vez que José tenía un problema en su departamento. Hace cerca de tres meses fue a bailar con un amigo, regresó a su casa junto a desconocidos que lo golpearon y torturaron.
“Le pegaron para que les diga donde tenía la plata. Les robaron relojes, dólares y euros”, contó Gonzalo. Esto obligó a que el encargado del edificio cambie la cerradura de la puerta de ingreso por mayor seguridad.
Es el joven tucumano quien luego de la experiencia que vivió el lunes dijo que le sirvió como aprendizaje: “Fue una señal de ‘ya está Gonzalo, hacé las cosas bien; dejá de salir un poco, hacé deportes’”. “Voy a ponerme las pilas y dejar la noche”, concluyó.
MG