Hay películas que trascienden por su temática, más que por sus méritos a la hora de llevar esa historia a la pantalla de un cine. Con La semilla del fruto sagrado estamos en una suerte de híbrido, porque esta candidata al Oscar a la mejor película internacional tiene un pie en la realidad política y social en Irán, y otro en la manera en la que se rodó, de manera clandestina.
El director y guionista Mohammad Rasoulof fue sentenciado a prisión por motivos políticos, al apoyar las protestas de 2022 contra el hijab de Masha Amini.
El filme, de poco más de dos horas y media (nada si se lo compara con lo que dura El brutalista) se centra en una familia “tipo”, compuesta por el padre, la madre y sus dos hijas adolescentes. Iman (Misagh Zare) es ascendido a investigador de la Corte Revolucionaria. Su nuevo cargo le otorga una seguridad económica, y un puesto con peso político que es festejado por su esposa Najmeh (Soheila Golestani), no tanto por sus hijas Rezvan (Mahsa Rostami y Sana (Setareh Maleki).
Disputas en una familia en Teherán
Y bien pronto advertimos que lo que Rasoulof tiene entre manos en contarnos, a partir de los conflictos que se desatarán en el núcleo familiar, las disputas de un país, no solo entre generaciones y género.
Iman más pronto que tarde descubre que debe aprobar condenas a muerte de gente que probablemente no haya sido culpable de nada. O sea, sin siquiera revisar los casos. Para su seguridad, le otorgan un arma, que tendrá un rol central en un futuro, cuando desaparezca de la casa y motive uno de los momentos más cruentos de la película.
Manifestaciones y represión
Pero falta para ello. Antes, Rezvan, que va a la universidad, ve de primera mano cómo la represión no tiene miramientos con nadie, y le toca de cerca. Una amiga y compañera es herida por la policía en una manifestación. Sadaf es víctima de un disparo de perdigones en la cara y, temerosa de que la arresten si la llevan a un hospital, Rezvan la lleva a su casa para ponerla y ponerse a salvo.
Rasoulof utiliza imágenes de video amateur de las redes sociales para realizar su crónica de la brutalidad que los manifestantes sufren en las calles, y Najmeh empieza a cuestionarse si lo que muestra la propaganda de la televisión estatal es cierto.
Pero luego detienen a la amiga, y de su paradero, y de si está viva o no, no se sabe nada.
La tensión en la familia irá en aumento, con dos bandos bien definidos ante la situación de la amiga. La esposa apoyaba en todo a Iman, pero cuando el arma que le han entregado desaparezca, allí comienza una nueva película, menos cerrada y encerrada.
Lo que sucede abrirá cuestionamientos de distinto tipo en el espectador, y bien lejos estamos de querer spoilear lo que pasa.
El filme es una alegoría sobre el poder y la corrupción, que rescata lo humano en una situación por demás compleja y difícil.
Ganadora del Premio Especial del Jurado en Cannes el año pasado, así como los que otorgan la crítica y el Jurado Ecuménico, los valores de La semilla del fruto sagrado se fraccionan y distribuyen a lo largo de las dos horas 45 minutos de la proyección.
«La semilla del fruto sagrado»
Muy buena
Drama. Francia / Alemania, 2024. Título original: “Dâne-ye anjîr-e ma’âbed”. 167′, SAM 16. De: Mohammad Rasoulof. Con: Misagh Zare, Soheila Golestani, Mahsa Rostami, Setareh Maleki. Salas: Lorca, Cine Arte Cacodelphia, Cinépolis Recoleta y Pilar, Atlas Patio Bullrich, Showcase Belgrano y Norcenter.