Un informe de Argentinos por la Educación revela que el origen socioeconómico condiciona la asistencia al nivel inicial, con una cobertura del 41% en hogares vulnerables a los 3 años.
Un informe del observatorio Argentinos por la Educación, titulado «Cobertura del nivel inicial: una comparación entre países de la región», indica que el 83% de los niños de entre 3 y 5 años en Argentina asiste a un establecimiento educativo. Sin embargo, al desagregar los datos por ingresos, se observan diferencias significativas.
El estudio, elaborado por los analistas Martín Nistal y Lucía Vallejo, señala que a los 5 años la cobertura es prácticamente universal (entre el 97% y el 100%). A los 3 años, la asistencia promedio es del 55%, pero en los sectores medios alcanza el 71%, mientras que en los hogares más vulnerables es del 41%. Este último porcentaje ubica a Argentina en el nivel más bajo de la región para ese grupo social, por detrás de Uruguay, Chile y Perú.
A los 2 años, la brecha se profundiza: el 10% de los niños del quintil más pobre accede a un espacio educativo, frente al 44% de los hogares más ricos. En comparación, Chile tiene una cobertura del 42% y Uruguay del 54% para el mismo grupo etario y nivel socioeconómico.
Ianina Tuñón, investigadora del Observatorio de la Deuda Social de la UCA, afirmó: «Nuestra evidencia empírica indica que la asistencia a la educación inicial en contextos de pobreza actúa como un catalizador del entorno familiar: los niños y las niñas que asisten reciben significativamente más estímulos en el hogar —cuentos, canciones, juegos y rituales afectivos— en comparación con sus pares del mismo nivel socioeconómico que no asisten».
Gabriela Fairstein, profesora de la UBA y FLACSO, sostuvo: «La asistencia sigue siendo menor entre los sectores más vulnerables, precisamente quienes más se beneficiarían de ella. A esto se suman la fragmentación de la oferta para sala de 3 —donde una parte importante de las instituciones opera fuera del sistema educativo formal—, el ausentismo creciente que se observa desde la pandemia, y la persistente deuda de cobertura y equidad para el tramo de 0 a 2».
Celia Rosemberg, profesora de la UBA e investigadora del Conicet, declaró: «A los 2 y 3 años se despliegan procesos clave para el desarrollo del lenguaje oral y de otras capacidades cognitivas que luego sostienen el aprendizaje de la lectura y la escritura. Esto no remite solo a una brecha de acceso institucional: implica una desigualdad temprana en las oportunidades de participar en experiencias educativas de calidad, sistemáticas y lingüísticamente ricas».
