Un equipo de investigadores de Corea del Sur logró convertir dióxido de carbono en combustibles líquidos como gasolina y nafta mediante un proceso más simple y eficiente. La tecnología, ya probada en una planta piloto, busca escalar a 100.000 toneladas anuales.
Durante años, capturar dióxido de carbono fue visto casi exclusivamente como una forma de reducir emisiones contaminantes. Pero ahora, distintos equipos científicos empezaron a trabajar sobre otra idea: reutilizar ese CO2 para transformarlo en algo útil.
En ese contexto, investigadores de Corea del Sur desarrollaron una tecnología capaz de convertir dióxido de carbono directamente en combustibles líquidos como gasolina y nafta.
El avance fue realizado por el Instituto Coreano de Investigación en Tecnología Química (KRICT), que ya logró poner en funcionamiento una planta piloto capaz de producir alrededor de 50 kilos diarios de combustible sintético a partir de CO2 e hidrógeno.
El detalle que sorprendió a los científicos
Lo más llamativo del desarrollo no es solamente el combustible que logran obtener, sino la forma en que lo producen. La mayoría de las tecnologías actuales para transformar CO2 requieren varias etapas complejas, temperaturas extremas y muchísimo consumo energético. En cambio, el sistema coreano utiliza un proceso llamado “hidrogenación directa”, donde el dióxido de carbono reacciona directamente con hidrógeno dentro de un único sistema catalítico. Gracias a eso, el proceso se vuelve más simple y eficiente, con un rendimiento cercano al 50% en hidrocarburos líquidos.
Cómo logran convertir CO2 en combustible
El método utiliza dióxido de carbono capturado y lo combina con hidrógeno para generar hidrocarburos líquidos similares a la gasolina y la nafta. Para lograrlo, los científicos emplean catalizadores especiales que aceleran la reacción química y permiten reutilizar materiales que no reaccionan completamente en el primer intento. El resultado final es un combustible sintético que no proviene directamente del petróleo, sino de carbono recuperado que, de otra manera, habría terminado liberado a la atmósfera.
Por qué este avance podría ser importante
Especialistas explican que este tipo de tecnologías podría resultar clave para industrias difíciles de descarbonizar, como la aviación, el transporte marítimo, las refinerías y parte de la industria química. En muchos de esos sectores todavía resulta complicado reemplazar completamente los combustibles líquidos tradicionales por electricidad o baterías.
El punto clave que todavía define su impacto ambiental
Los propios investigadores remarcan que hay un detalle fundamental: el origen del hidrógeno utilizado. Si el hidrógeno se obtiene a partir de combustibles fósiles, el beneficio ambiental disminuye muchísimo. Pero si proviene de energías renovables, como solar o eólica, el proceso podría convertirse en una herramienta importante dentro de la transición energética.
El próximo objetivo: llegar a las 100.000 toneladas anuales
Actualmente, la planta piloto produce unos 50 kilos diarios de combustible sintético. Sin embargo, el objetivo del equipo coreano es mucho más ambicioso: desarrollar instalaciones capaces de superar las 100.000 toneladas anuales. Aunque todavía quedan desafíos técnicos y económicos por resolver, este desarrollo muestra que una idea que parecía futurista empieza lentamente a acercarse a aplicaciones industriales reales.
