La Unión de Kiosqueros alerta sobre la crisis del sector, que refleja una caída en el poder adquisitivo y el impacto de los aumentos en servicios públicos. En La Rioja, la incertidumbre crece ante posibles subas en tarifas eléctricas.
Uno de los indicadores más preocupantes es el cambio de hábitos en los sectores más jóvenes. Palacios señaló que los estudiantes de nivel primario y secundario han recortado drásticamente sus gastos. «Vemos que los chicos tienen solamente para el boleto del colectivo y se cortan los gastos de desayuno o merienda», explicó, marcando que el consumo en las puertas de las escuelas ha dejado de ser un motor para los negocios barriales.
A la caída en las ventas se le suma el impacto de los servicios públicos. En La Rioja, la preocupación es doble ante los inminentes anuncios de aumentos en las tarifas de energía eléctrica a nivel nacional. «El aumento de luz, gas y alquileres impacta tanto al vecino como al dueño del local. Venimos con una baja de 16 mil kioscos desde el año pasado a la actualidad», afirmó Palacios.
Esta situación ha derivado en un fenómeno de precarización: muchos comerciantes dan de baja sus monotributos para pasar a la informalidad al no poder costear las cargas impositivas, mientras que locales históricos —con más de 30 años de trayectoria— bajan sus persianas definitivamente por la imposibilidad de pagar la renta.
Para la Unión de Kiosqueros, la crisis de los comercios de cercanía es un reflejo de una problemática mayor que afecta a la clase media y a las PYMES. El dirigente subrayó que no se observa un repunte en el poder adquisitivo y lamentó la falta de gestión gubernamental para proteger a los trabajadores. «Veo un panorama muy triste para nuestros vecinos y trabajadores. No hay gestión para la clase media trabajadora y el impacto se siente en todos los sectores comerciales», concluyó Palacios.
