sábado, 2 marzo, 2024
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Aunque la Casa Rosada le mande plata como nunca, Axel Kicillof la tiene complicada

Buenos Aires reúne 13 millones de electores, o sea, concentra el 37% del poder de voto de todo el país, y pasa de largo al 24% que suman Córdoba, Santa Fe y la Capital Federal juntas. Si se quiere otra expresión de lo mismo, la Provincia alberga 9 millones de votantes en dos secciones clave: la Primera, integrada, entre otros, por los partidos de Moreno, Morón, Tres de Febrero y Lanús y la Tercera, de La Matanza, Lomas de Zamora, Quilmes y Avellaneda.

Luego, no hace falta explicar por qué, en tiempos electorales tan decisivos como el actual, a Buenos Aires le cabe redonda la definición de que ahí se libra “la madre de todas las batallas” y se dirimen porvenires y destinos de líderes y de organizaciones políticas.

Se entiende, en el combo también entra y resalta la gran apuesta de Cristina Kirchner a retener y hacerse fuerte en ese territorio, donde ancla buena parte de su capital electoral y cuando el horizonte le pinta oscuro.

Lo que sigue se corresponde, casi necesariamente, con la potencia política de la Provincia y habla de una estructura económica también potente y a la vez de un cuadro social complejo, difícil de manejar.

La Provincia y las chances del kirchnerismo​

El punto, hoy, es que el cruce de datos que provienen de un lado y del otro no resulta el mejor, sino uno que bajo diversas formas le pega directo y desparejo a la población y en el mismo acto sacude las chances electorales del kirchnerismo.

Para empezar, el enfriamiento de la economía. Ya presentes en indicadores oficiales, los datos pinchan el globo de una reactivación que si existió fue fugaz e imperceptible, con la súper inflación instalada en el 114% anual.

Según los últimos informes del INDEC, en abril la actividad cayó 4,2% contra abril del año pasado y 1,9% versus marzo. Así, otra vez debajo de cero, el índice barrió de un plumazo el rebote del 1,5% del primer trimestre que el Gobierno salió a vocear de apuro.

¿Y dónde se tocan los números del INDEC con los de la provincia de Buenos Aires?

Fuera de que la relación entre ambas partes salta obvia, vale precisar algunos tantos para que la conexión de economía y política resulte más comprensible todavía.

La Provincia aporta alrededor del 32% al PBI nacional, es decir, que un tercio de la estructura económica del país lleva el sello made in Buenos Aires. Es primera en la producción de cereales y oleaginosas, en trigo, maíz, soja y girasol; también es líder en ganadería, en autos, autopartes, en siderurgia y petroquímica-plásticos.

Queda claro, clarísimo en esos números, que en unos cuantos sentidos la nave de Buenos Aires va atada a la suerte de políticas económica que define el gobierno central. Y también, desde luego, a la falta de definiciones del gobierno central.

La trampa del estancamiento con inflación

Hoy tenemos de las dos cosas y si es por lo que toca a la economía real, estamos metidos nuevamente en la trampa del estancamiento con inflación o, peor, en un estadio de atraso creciente con inflación altísima. No es nada que desconozcamos, sino algo que más bien recontra conocemos y que a esta altura de la película suena a vivir en crisis permanente.

Con la caída del 3% que la mayoría de los consultores pronostican para el PBI de 2023, la economía habría retrocedido a los niveles de 2013 medida en valores constantes. O peor: estaríamos 2 puntos porcentuales por debajo del registro de hace diez años y, encima, de diez años durante los cuales la población creció alrededor de un 10%.

Nada de potencial, ahora: las últimas cifras del INDEC dicen que en mayo se cortó la rachita de la industria y, en un plano ampliado, que entre 2013 y 2023 el PBI fabril cayó 5 puntos porcentuales largos.

Un implícito grande como una casa, cargado de sentidos, señala que de esos diez años siete fueron con Cristina presidenta o vicepresidenta, que para el caso da lo mismo. Ningún implícito: el paquete completo desparrama dudas alrededor del eslogan que insiste con el kirchnerismo productivo e industrialista, en medio de la fiesta financiera de las tasas que desbordan el 100% y los bonos del Estado indexados por la inflación o el dólar oficial.

La Buenos Aires productiva también sale magullada con el bajón del 22% que acusaron las exportaciones entre enero y mayo y, sobre todo, con el desplome del 54% que sacudió a los cereales. Son golpes fuertes en una estructura que genera el 45% de las ventas al exterior y que, como cualquier otra, pena por la falta de divisas.

Donde la provincia gobernada por Axel Kicillof nunca pierde, sino que gana y gana por un campo, igual al caballo del comisario, es en el reparto de los fondos que el gobierno central maneja por fuera del Presupuesto Nacional y surgen del viejo truco de subestimar la inflación.

En la jerga de los especialistas se llaman, justamente, Transferencias Discrecionales.

Un informe de la consultora Aerarium revela que sólo entre enero y abril de este año viajaron hacia La Plata $ 154.200 millones, equivalentes al 39.4% del paquete que se distribuyó entre todas las provincias. Para que se entienda mejor cómo es el juego, a la Ciudad Autónoma le tocó un 7,7%, el 5,1 a Santa Fe y 3,9% a Córdoba.

Si se proyecta la tajada bonaerense de enero-abril a todo el 2023, estaríamos en unos 460.000 millones. Y si se agregan los recursos de 2020, 2021 y 2022, andaríamos arriba del billón de pesos.

Puesto al tipo de cambio oficial promedio de 2022, el favorito de Cristina habría acumulado impresionantes 8.100 millones de dólares. Al mejor ranqueado de los gobernadores no le llegaron ni siquiera 80 mil, esto es, ni el 10% de lo que embolsará Kicillof, la carta fuerte, quizás final, de la Vice en Buenos Aires.

Tipo con influencias para muchos envidiables, el gobernador también se queda, entre otras, con la tajada mayor en la distribución de los recursos del Ministerio de Desarrollo Social: hasta ahora, $ 283.900 sobre un gasto total de $ 786.200. En tren de comparar o de aburrir, para la Capital Federal hubo $ 130.000 y para Córdoba y Santa Fe, muy modestos 35.000 y 33.000 respectivamente.

Más de lo mismo ocurrió al interior de ese bloque, con los fondos del plan llamado Potenciar Trabajo. Ahora porcentajes en vez de números, aunque el saldo final no cambia: Buenos Aires, 47%; CABA, 9% y Córdoba y Santa Fe, un 3,2% parejo.

La historia se repite casi sin variaciones con el Plan Alimentar, y tiene sentido precisarla para ver que siempre manda la discrecionalidad. Tenemos ahí: Buenos Aires, 30%; CABA, 16% y Córdoba y Santa Fe 6,5%-6%.

Es todo, al fin, una réplica de la consigna que Néstor Kirchner remachó intramuros desde su arribo a la Casa Rosada y copia su alumna Cristina. Esa donde plata equivale a poder y mucha plata a mucho poder y en la que la llave está en controlar el Estado. Es, también, una manera de entender al federalismo muy poco federal por cierto.

Se verá si la nueva versión del ensayo da resultado con el alumno Kicillof, aunque el panorama general luzca bien complicado y la gestión del gobernador ayude poco.

Por de pronto, salvo Resistencia y Concordia, el Conurbano bonaerense o el territorio donde se librará la madre de todas las batallas tiene la tasa de pobreza más alta entre los 32 aglomerados que releva el INDEC. Concretamente, un 45%, que significa nada menos que 5,7 millones de pobres y supera en 6 puntos porcentuales al registro nacional.

Otra expresión del crítico cuadro social bonaerense dice que el 40% de los asalariados no cuenta con aportes previsionales, esto es, un ejército de trabajadores de los llamados informales o en negro que orbitan en los márgenes del sistema laboral.

Así, Buenos Aires supera nuevamente a la media nacional, esta vez del 37,4%, y se acopla a la nada encomiable tendencia donde el empleo que crece es, sobre todo, el empleo precario. Y desde luego, mal pago.

Estadísticas privadas revelan que en ese sector social el salario real cae 43,7% desde el pico de noviembre, esto es, 23 puntos porcentuales más las remuneraciones promedio de los asalariados registrados. Y no llega a la mitad de los sueldos de quienes están en blanco.

Queda claro, por donde se mire, que la montaña de plata que el gobierno nacional manda a Buenos Aires no saca a la provincia del tembladeral en el que se encuentra metida. Sea por la interminable cadena de errores del propio gobierno nacional o por la pobre gestión de Axel Kicillof o, mejor dicho, por ambas cosas a la vez.

Todo pasa camino de unas elecciones en unos cuantos sentidos cruciales y con el kirchnerismo en el estado en que está, tres años y medio después de que la cúpula Alberto Fernández-Cristina Kirchner tomara el poder.

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