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Qué hago acá, diario de viaje, día 13: el lado B de otro banderazo en Qatar

Homenaje a Maradona y mucho optimismo de que todavía se puede llegar al 18 de diciembre. Pero no proyectemos…

25/11/2022 21:56

Actualizado al 25/11/2022 21:56

Sorprende porque desde el martes estábamos hechos un trapo de piso. La derrota de Argentina a manos de Arabia Saudita afloró los peores sentimientos que uno puede imaginar. La sensación de derrota estaba más alta que la sensación térmica en Argentina. Sin embargo, la conferencia de prensa de Lionel Scaloni y el buen semblante de los jugadores en el entrenamiento entregó buenas señales. Eso no significa nada, claro. Pero, al menos, lograron cortar la cadena de desánimo y los argentinos que están dando vueltas por acá, en Doha, salieron a hacer un nuevo banderazo convencidos de que todavía es posible llegar al 18 de diciembre. Esta vez con el bonus track de rendirle tributo a Diego Maradona, a dos años de su todavía increíble y dolorosa muerte. 

El banderazo fue un pogo que duró más de una hora en continuado. Sin embargo, en vez de meterme en el medio del agite, el argentino y el de la banda de indios que se autoproclama como la barra oficial de la Selección en Qatar, elegí ver qué pasaba por los alrededores de Souq Waqif, uno de los lugares que los canales de televisión argentinos eligieron como escenografía para sus transmisiones 24X7 en las que mucho hablan y poco dicen. Allí hay una especie de mercado típico, con negocios de chucherías y no tanto y lindos restaurantes. Y con el Dedo de Oro gigante, esa postal mundial de Doha, que conocí recién 12 dias después de haber llegado a esta ciudad. 

Como todo lo que sucede acá, era extraño ver la escenografía. Porque mientras centenares de personas cantaban alocadamente por la Scaloneta, en los alrededores la vida seguía como si nada pasara. Raro. Porque el barullo era importante y porque había peligro de descontrol. Pero en los restaurantes de la zona, casi todos protegidos por una valla y por una celosa custodia policial -como en todos lados acá- grupos de amigos tomaban una bebida fresca mientras fumaban sus narguiles

El banderazo de los hinchas argentinos. (Fernando De la Orden, enviado especial)

¿Qué son los narguiles? Para los que no saben, una explicación resumida y tal vez un poco apresurada. También conocidos como shishas o hookahs, son pipas de agua en las que los árabes fuman distintos tipos de tabaco. Son una especie de lámparas que en su interior, en vez de cables, contienen agua y un sistema que permite que el vapor produzca la combustión del tabaco. Era raro verlos fumar tranquilos mientras observaban en modo estudiantes de antropología cómo los hinchas argentinos agitaban sin parar. Y todo se complejizó más todavía cuando llegaron los indios con sus tambores y maracas al ritmo de un baile frenético, como si estuvieran poseídos

La gente que paseaba por el lugar, un lugar eminentemente turístico, observaba con asombro. Casi con el mismo asombro con el que algunos argentinos miraban y se codeaban al ver como varios hombres adultos caminaban por la peatonal de la mano. La situación era extraña. Porque uno usaba una camisola celeste y el otro una camisola blanca. Uno lideraba y el otro escoltaba. Y la secuencia, curiosamente, se repetía. Una y otra vez. Lo raro para nosotros, en realidad, es una costumbre entre amigos en India. También en Bangladesh, Sri Lanka y Pakistán.  

En el paseo de Souq Waqif había también otros banderazos. Los hinchas de Túnez eran de los más ruidosos. También había marroquíes que se movían en bloque, como si fuese un scrum de rugby, pero potenciado. Y estaban los iraníes, como locos, después del triunfazo sobre Gales que los dejó con la esperanza intacta de llegar a octavos de final luego de un comienzo para el olvido ante Inglaterra.

El banderazo de los hinchas argentinos. (Fernando De la Orden, enviado especial).

Entre tanto bullicio, con vuvuzelas y cánticos ensordecedores, los que no la estaban pasando bien eran los hinchas del equipo anfitrión. Es que Qatar ya se despidió del Mundial: dos jugados y dos perdidos. Y adiós. Por eso daba un poquito de pena ver cómo algunas familias volvían a sus casas con las banderas arriadas. Eso sí, el clima festivo de los hinchas invasores y de los migrantes -que acá son mayoría y , en general, son fanáticos de las selecciones más poderosas- taparon toda la amargura.

Imaginen esa situación en la Argentina. Es imposible de imaginar. En realidad, mejor no imaginemos. Ni proyectemos.

Doha, Qatar. Enviado especial.

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