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Labruna, ese hombre gallardo

En el Día del Hincha de River, que se conmemora por el nacimiento de Ángel Labruna, es menester revindicar una figura a la que las nuevas generaciones obvian por Marcelo Gallardo.

29/09/2022 2:01

Actualizado al 29/09/2022 0:12

“Perdoname pibe, pero no puedo… mirá” dijo y sacó una montaña de dinero del bolsillo del pantalón. River le había ganado 5-2 a Boca en la Bombonera en el Metro ‘80 y habían pagado los premios en el vestuario. “Me tengo que ir, disculpame”, insistió. Habíamos pactado una entrevista post partido “cualquiera fuera el resultado”. Pero Angel Labruna no podía con su genio y se fue la Boca al hipódromo de Palermo. Nació el 28 de septiembre de 1918, por eso se celebra el “Día del Hincha de River”. En sus 65 años de vida nunca se fue, siempre estaba volviendo, como decía Troilo, riverplatense hasta la médula. Angel había jugado 20 años (1939-1959), integró aquel rezo pagano de muñozmorenopederneralabrunaloustau, y aún es el máximo anotador del fútbol argentino con 317 goles.

Cuando las piernas no dieron más se hizo técnico: Defensores de Belgrano, Platense, dirigió a River en 1968 y “la mano de Gallo” le negó la alegría. Fue campeón del Nacional 71 con Central, estuvo en Lanús, Racing, Chacarita y Talleres. “¿Cómo salimos?” preguntaba cuando terminaban los partidos de esos equipos que dirigía. Preguntaba por River.

Las nuevas generaciones (de hinchas y periodistas) saben quién fue pero, duda personal, subvaloran al Feo, sobre todo cuando entronizan a Gallardo como “el más grande de todos”. La campaña de Gallardo es impresionante y bien ganadas que tiene sus medallas.

La importancia de Labruna hay que verla en su contexto histórico. Hasta 1966 se disputaba un torneo por año y con la reestructuración impuesta por Valentín Suárez en 1967 nacieron los torneos Metropolitano y Nacional. En 1975, Labruna fue recuperado por el presidente Aragón Cabrera. “Vengo para ser campeón” dijo entonces Angelito. Y cumplió. River rompió la sequía de 17 años y 25 campeonatos mirando vueltas olímpicas ajenas. Puñales en el corazón millonario, tan profundos como el descenso de 2011.

Desde su regreso, Labruna fue seis veces campeón con River. Se fue en 1981. Dirigía una práctica y se enteró que Aragón negociaba  en Montevideo con Alfredo Di Stéfano para reemplazarlo. No lo toleró. No podía. Era un hombre digno. Angel tenía gallardía propia.

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