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A los 81 años, el Tula se ilusiona con viajar a Qatar y estar en su 13er Mundial: “Quiero un sponsor para mi bombo”

No faltó nunca. Desde Alemania 1974 hasta Rusia 2018, estuvo presente en todos los mundiales. Hizo viajes interminables en barcos, aviones y trenes, y recorrió más de una decena de países. ¡Hasta apareció en un videoclip de la canción oficial de Brasil 2014! Y todo sin hablar otro idioma que no sea el español. Es que en el fútbol, la palabra universal es la pelota y él, con su desfachatez inconmensurable, siempre le encontraba la vuelta a los problemas.

Carlos Pascual, más conocido como “el Tula” o “el hombre del bombo”, es el hincha más famoso del conjunto nacional. La bandera del fútbol argentino en las copas del mundo. Y, a cinco meses de Qatar 2022, charló en exclusiva con Clarín en una confitería de Lomas de Zamora que suele frecuentar. Vive a la vuelta. “Vengo acá porque me hacen precio, yo no tengo plata. Yo soy un busca que siempre está en contacto con la gente. El cariño de ellos es muy importante”, dice, dispuesto a revolver el azúcar que le puso a su café, al que acompaña con dos medialunas de manteca. Una rutina que ya se volvió parte de su vida.

A los 81 años, no pierde la gracia. Es verborrágico: no para de hablar y la conversación fluye de un lado hacia el otro. De la Nº 5 a la política nacional. De sus bombos a las anécdotas mundialistas. Todo mientras se acomoda sus seis cadenas de plata (una con la cara de Evita, otra con la de Perón) que luce sobre su remera negra y su camisa verde militar.

“Si Dios quiere voy a estar en Qatar. Siempre estuve y no me lo quiero perder”, asegura. Ahora bien, el Tula constantemente se la rebusca en su vida: sigue siendo autónomo y vive el día a día como puede. A pesar de eso, no pierde la fe para seguir agigantando su récord. “La realidad es que todavía no sé cómo voy a ir -se ríe-. No tengo plata y no sé hablar idiomas. Pero Dios me acompaña y está conmigo. Imaginate que ya llevo 12 mundiales y nunca tuve plata -insiste-. Siempre encuentro a alguien que me banca. Por ejemplo, estuve en Rusia y me ayudó un ruso, y espero que ahora alguien me vuelva a bancar”.

El Tula y su bombo en el corazón de la hinchada argentina. (AFP)

Las cifras económicas del país no ayudan. Además, no hay vuelos directos rumbo a Doha, el epicentro qatarí, y los costos de mantenimiento en el país asiático no son baratos, sino más bien todo lo contrario. Tanto es así que las agencias de viajes estiman un mínimo de siete mil dólares para quedarse apenas dos semanas en Qatar. Es decir, únicamente en la fase de grupos.

Ni hablar de la dificultad de conseguir los tickets para entrar a los estadios. Sin embargo, el Tula reitera: “Algo haré”. Y sueña en voz alta: “De última, vendo el bombo -risas-. La verdad es que para viajar allá sería muy importante que alguien pudiera publicitar en el bombo y, así, financiar el viaje. Sinceramente, quiero un sponsor para el bombo. Además, cualquiera que desee hacer una publicidad conmigo (en el bombo) vale un montón porque soy muy famoso y salgo a todos lados. Sería muy importante”.

-Pasaron 48 años desde la primera Copa del Mundo a la que asistió y siempre con el bombo. ¿Dónde lo guarda?

-Lo tengo en mi casa, en el museo. De hecho, yo tengo ¡el museo del bombo! Todavía guardo el que me regaló Perón autografiado, que es histórico, también el primero que llevé a Alemania 74.

Más allá de salir en programas de televisión internacional, de aparecer en portadas de diarios y revistas de la época y en diferentes notas sobre mundiales, el Tula empezó su amor con el fútbol en Rosario Central. El equipo del cual es hincha, remarcó constantemente a lo largo de la charla.

El Tula es recooncido por los hinchas, que le piden fotos.

“Mi primer bombo, que era con el que tocaba en la cancha de Rosario Central, se lo regalé al General Perón. Después, tuve otro que me robaron. Hubo varios. Pero el de Alemania 74 es historia pura por todo lo que se vivió en ese torneo”, puntualizó. Y describió sobre su primera experiencia mundialista: “Todo es un gran recuerdo. Me fui en barco a dedo con el bombo. Me mandé hasta Madrid, donde ya conocía por haber tenido una reunión con Perón. Después, tuve que ir hasta la frontera con Francia y de ahí recién a Alemania”.

Antes de continuar con su travesía, el Tula toma otro sorbo de café para poder agarrar aire y contar con lujo de detalle ese primer viaje. “La verdad es que me subí a un tren sin el pasaje y me tiré ahí con el bombo. El problema es que vino la policía a pedirme el boleto y yo no lo tenía. Entonces, le empecé a decir ‘Mundial, Mundial’, le mostré el pasaporte y me dejaron pasar la frontera. Después, en Alemania, me salvó un español que me llevó a informes y me pagó el boleto de colectivo hasta el pueblo donde concentraba la Selección. Ahí, ya me quedé con ellos. Así y todo no fue fácil porque la policía no entendía nada con el bombo y me lo querían sacar. Sin embargo, todos ya me conocían porque hasta había hecho un reportaje para la BBC con un traductor”, narra.

Una fija de cada Mundial

Desde entonces, no se perdió ninguna copa del mundo. Cada vez que la pelota giraba sobre el césped de un estadio en el que Argentina hizo su debut, estuvo ahí alentando en la tribuna. Y ahora se ilusiona con el presente del equipo de Lionel Scaloni. “El equipo me gusta mucho. El entrenador que tenemos es un grande. Lo querían echar, pero siguió, siguió y persistió. También es de la zona de Rosario, de donde soy yo (NdeR: Scaloni nació en Pujato, a 45 kilómetros de Rosario). Lo único malo que tiene es que es de Newell’s, como Messi -risas-, pero no importa. Hace años no se veía a la Selección tan ensamblada y ahora se nota que son un equipo. Antes era una banda acá y otra allá, ahora no. Les tengo mucha fe”, comenta con entusiasmo.

La bandera de este equipo se llama Lionel Messi. El delantero, máximo goleador histórico del conjunto nacional, es el referente dentro y fuera de la cancha. Y el Tula, obviamente, tuvo la suerte de intercambiar unas palabras antes de su explosión. “Curiosamente, a Messi no lo conocí en Rosario, sino que en la Copa América en Venezuela, en 2007. Yo de día paraba con la Selección. Todavía conservo revistas que dicen ‘Tula hincha privilegiado’, foto con Tevez, con Messi, con todos”, cuenta.

El Tula y su bombo en la Copa América 2015, disputada en Chile. Foto: Gustavo Ortiz.

-Vamos de Diez a Diez. Ya habló de Messi, ¿conoció a Maradona?

-¡Si! También a su padre y a su hermano Hugo, que estaba casado y su mujer lo tenía cortito. Tengo miles de recuerdos con Diego, el papá, la mamá, Claudia, su casamiento. Incluso, cuando yo estaba bien con Menem, la hermana de Maradona no podía entrar a Estados Unidos y yo le conseguí la visa. Además, cuando fui al Mundial de Corea Japón 2002 y me lo encontré a Diego en el piso 20 del hotel oficial, donde cantamos juntos la marcha peronista.

El Tula se considera peronista de pura cepa. Desde la primera camada. “Me hice peronista por la hinchada de Central que cantaba la marcha en la cancha”, confesó. Y siempre que pudo, aprovechó una foto famosa que sacó con Perón para poder sacar sus buenos dividendos y, de ese modo, costearse los viajes. “Al no tener dinero, vendía la foto mía con Perón que llamaba ‘la foto del Tula con Perón’ y la gente la compraba. No sabés con qué facilidad salía. Y así, avión a Panamá y a Colombia. Hasta la embajada argentina en Colombia me tiró la bronca porque decía que estaba haciendo política y yo lo único que quería era pagarme un pasaje”.

La charla llega a su fin. Después de más de una hora, el mozo se acerca a la mesa y trae la cuenta. Antes de la despedida, el Tula avisa: “Haré todo lo posible para ir a Qatar”.

* Por Lucas Salazar, Ayrton Aguirre, Agustina Furno y Daniela Messina, de la Maestría de Clarín/San Andrés

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